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lunes, 29 de agosto de 2011

UTOYA

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No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo (Groucho)




Llegó el Papa de Roma, santificó a sus jóvenes huestes, esparció sus conservadoras ideas, pontificó contra el laicismo y se fue un poco triste por la falta de vocaciones. Pero eso duró poco, porque al día siguiente llegó el Kiko bendito pidiendo voluntari@s para predicar la verdadera y única fe… y faltó tiempo para que las escalinatas del zigurat madrileño se llenaran de espíritus prestos al celibato católico.
Sin embargo, aparte del tostón mediático diario con motivo de las JMJ, me llamó la atención que el Santo Padre confortara sólo “en privado” a un grupo de jóvenes noruegos para expresar su solidaridad ante la masacre de jóvenes laboristas en Utoya. La verdad es que he echado de menos que Benito XVI no lo hiciese “en público”, ya que ha sido una noticia de impacto mundial; aunque, claro, viendo a ciertos seguidores papales ultraderechistas, explicar hasta donde pueden llegar algunas mentes xenófobas ultracristianas como la del descerebrado Anders Behring hubiese sido contraproducente para el Vaticano.
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